12 de junio de 2012

Amazing World


Instantes, Jorge Luis Borges. Extracto



Si pudiera vivir nuevamente mi vida, 
en la próxima trataría de cometer más errores. 
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. 

Sería más tonto de lo que he sido, 
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. 
Sería menos higiénico. 
Correría más riesgos, 
haría más viajes, 
contemplaría más atardeceres, 
subiría más montañas, nadaría más ríos. 
Iría a más lugares adonde nunca he ido, 
comería más helados y menos habas, 
tendría más problemas reales y menos imaginarios. 

Yo fui una de esas personas que vivió sensata 
y prolíficamente cada minuto de su vida; 
claro que tuve momentos de alegría. 
Pero si pudiera volver atrás trataría 
de tener solamente buenos momentos. 
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, 
sólo de momentos; no te pierdas el ahora. 

Si pudiera volver a vivir 
comenzaría a andar descalzo a principios 
de la primavera 
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.



11 de junio de 2012

La Crisis. Albert Einstein


No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. 

La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. 

La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. 

El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. 

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla.



13 de diciembre de 2011

Sólo Mientras Tanto. Mario Benedetti


Vuelves, día de siempre,
rompiendo el aire justamente donde
el aire había crecido como muros.


Pero nos iluminas brutalmente
y en la sencilla náusea de tu claridad
sabemos cuándo se nos caerán los ojos,
el corazón, la piel de los recuerdos.


Claro, mientras tanto
hay oraciones, hay pétalos, hay ríos,
hay la ternura como un viento húmedo.
Sólo mientras tanto.



9 de diciembre de 2010

Conocí una vez, un hombre que se enamoraba de mujeres de acuarela, de colores preciosos y texturas suaves, de sonrisas fáciles, de miradas lujuriosas, de esas que con las primeras lágrimas, lo hacían desaparecer. Por lo mimo, tuve que ser fuerte y pedirle al pintor que me hiciera de óleo, y así, yo sabría que nunca sería de tu interés.
"Pinceladas de color marrón tiñen el seco colorido de los arbustos a la orilla del camino, mientras él piensa en ella. En sus manos tan delicadas como la tela, en sus ojos, en sus labios. En su cabello recogido, en sus mejillas rebosantes de gracia. Y solo deseas abrazarla, tenerla para sí, protegerla del mundo de los que no tienen corazón noble."

27 de agosto de 2010


Quien no conoce nada, no ama nada.
Quien no puede hacer nada, no comprende nada.
Quien nada comprende, nada vale.

Pero quien comprende también ama, observa, ve...

Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor...

Quien cree que todas las
frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas
nada sabe acerca de las uvas.

3 de julio de 2010


Me dediqué a sentir ese olor tan peculiar que tiene la naranja. Yo creo que es primo, porque no se asemeja a nada y se necesita de ella, como referente de sí, para poder explicar olores parecidos. ¿Será que los colores no son lo únicos que son reductibles a sus bases, o mejor dicho, no gozan de primicia? Debe ser, porque cuando huelo una naranja, no se me viene a la cabeza otra cosa que no sea naranja, la de los gajitos mojados.
La naranja tiene un olor tan único –al igual que su color- que sólo se explican si se hace referencia a ella. ¿Pero se podrá tener un perfume olor naranja? Y la respuesta es, que hasta el momento, mantener sus notas sin mayores oscilaciones no se logra a menos que se utilicen químicos que alteran la acidez que es propia de la naranja, y en ese plano, se atenta contra la esencia de lo que percibimos. Entonces el olor a naranja vive las reglas de la inmediatez, ya que su alto poder de oxidación nos obliga a apreciarla en el minuto, porque en su conservación no se mantiene el origen.

7 de junio de 2010


Me preguntaron qué profesión elegiría en un hombre. Luego de unos minutos se me vinieron dos a la cabeza:
Me gustaría que fuera arquitecto. La gente qué me conoce sabe la importancia que le doy a la decoración, la ambientación y la combinación de texturas y colores. Sería genial poder diseñar mi hogar junto a una persona que sea ducho en el tema. Me imagino primeramente un departamento de solteros de dos habitaciones; una suite matrimonial de colores tierra y texturas pesadas, una cama trabajada en alerce con grandes almohadones, y al costado una gran sillón de color crema junto al ventanal norte. La segunda habitación sería de lectura; en donde la muralla principal estaría adornada por un papel tapiz de mapamundi, y al frente se ubicaría una biblioteca elaborada con maderas sureñas, ya sea de roble, alerce, lenga o ciprés, mientras que dos lámparas voluminosas colocadas en los rincones se encargarían de la iluminación. Siguiendo, en el comedor y el living encontraríamos colores calidos, sillones amplios, maderas oscuras, texturas porosas y cuadros al óleo muy bien alumbrados. Para finalmente encontrarnos con una muralla de piedra caliza y el infaltable olor a ciprés que tanto me gusta.
Mientras que la segunda profesión sería la de chef. Ese personaje dinámico, dotado de historia, sociable, de temperamento fuerte y por sobre todo innovador. Un hombre de sensibilidad aguda, tan apunto de desarrollar un sexto sentido que se vuelve amante de la buena vida. Leer un libro de un chef es todo un prodigio, ya que el bagaje cultural y gastronómico se refleja en expresiones alborotadas y detallistas, que hacen alusión a la sensibilidad con que perciben el mundo. No sólo se trata de preparaciones simplistas, de datos bohemios y recetas domingueras, sino, de aquella pasión con la que son capaces de expresar la cultura, en donde las manos cumplen un rol fundamental, siendo el punto de encuentro con la realidad.

6 de junio de 2010


-Ya entendí porque las mujeres mayores prefieren a los hombres jóvenes, no sólo porque las hacen ver más vitales, sino, porque los hombres mayores son, por lo general, menos entretenidos, más enojones y a la vez están más inmersos en la rutina generadora de plata. O sea, los menores son buenas alternativas.
-Es mejor un hombre engreído que uno que peque de falsa modestia, al menos el engreído es honesto.
-Me he dado cuenta que entre más nos complican los hombres, mas vamos a la pelea, entremedio uno que otro lloriqueo y al final llega un hombre nada que ver a los que estábamos acostumbradas y en una semana ya estamos emparejadas. O sea, no somos claras ni con nosotras mismas.
-Cuando tu quieres algo con un hombre, el hombre quiere todo lo contrario contigo, por lo mismo se distancia, y cuando por casualidades de la vida se vuelven a encontrar, te diste cuenta que los roles se invirtieron. O sea, next.
-Cuando las mujeres están necesitas buscan cariño de quien venga, pero cuando están solicitas se dan el lujo de ser clasistas. Y peor aún, cuando están solas buscan a sus viejos pretendientes, creyendo que las cosas se volverán a revivir, y cuando se dan cuenta que no es así; ahí si que parte el caos, los sicopateos mentales y las autoflagelaciones. Mientras que las alternativas post-fracaso son dos; o la autoestima se va por el suelo, o se da inicio a la operación compras desesperadas con el fin de recuperar esa vieja calidad de seducción. O sea, lo que piensan los hombres de nosotras, en realidad sí nos importa.

13 de mayo de 2010

A lo liviano

A Él...
No le gustaba tanto, pero ella le coqueteaba y necesitaba besar a alguien.

A Ella...
Tampoco le convencía, pero se le acercaba y respondía bien a sus coqueteos. A él le sobraba tiempo y ganas, así que la invitó al cine. A ella le encantaban las películas gratis, así que aceptó. A él no le molestaban los abrazos, así que le dijo que la quería, pues de otra manera no se consigue el contacto con una mujer. A ella no le molestaba ser querida, así que le dijo que también, que en realidad hace tiempo lo deseaba. A él no le molestaban sus labios, así que se le acercó y la besó. Ella se dejó besar y lo hizo más fuerte. Ella le preguntó a él si pretendía estar con ella, y como no tenía qué contestar, dijo que sí. Ella no quería estar con él, pero no quería rechazar una proposición de pareja. Tres meses después se acostumbraron a la rutina y terminaron por quererse de verdad, gustarse e invitarse al cine todos los miércoles.

Escrito: Daniela Céspedes

21 de febrero de 2010

Las francesas no engordan

Las francesas no engordan, pero disfrutan comiendo pan y pasteles, bebiendo vino y almorzando comidas de tres platos. Esto se logra al descifrar los sencillos secretos de la «paradoja francesa» Que pretende contestar ¿Cómo disfrutar de la comida sin perder la línea, a la vez que se conserva la energía. Mireille Guiliano nos ofrece una visión actual, encantadora y bien documentada acerca de la salud y la alimentación. Mediante estrategias sencillas -pero eficaces- y docenas de recetas de las más variadas, devela los ingredientes para controlar tu peso, desde las medidas de emergencia de un fin de semana, hasta trucos cotidianos de cómo convencernos a nosotros mismos que no necesitas comer más.
Haciendo hincapié en la frescura, la variedad, el equilibrio y, desde luego, en el placer, Mireille demuestra que prácticamente todo el mundo puede aprender a comer, beber y moverse como una francesa.
Un best-séller absolutamente recomendable.

14 de febrero de 2010

¿Qué piensa la gente como tú?

Estaba en el avión cruzando el atlántico. Al lado mío estaba una argentina de voz ronca, joven y de unos rasgos casi tallados a mano; a mi otro costado se ubicaba un matrimonio francés, de cuerpos menudos y con ciertos temores a las alturas, quienes cada cierto tiempo se aferraban a los asientos con tal intensidad que hasta a mi me transmitían dejos de inseguridad.

Ya habían pasado varias horas, y al parecer estábamos bordeando el desierto del Sahara y las costas de Marruecos. No sabía cuanto faltaba exactamente para llegar a mi destino final, pero lo único que recordaba es que me había quedado dormida algunas horas. De mi hermana no sabía nada, no la veía desde que abordábamos en Santiago y por lo mismo le pregunte a un sobrecargo si había dejado un mensaje para mí.

Llegamos a Madrid, el viento soplaba fuerte, la intensidad se percibía en la presión que ejercía en uno. En el bus, justo al frente mío se sienta el mismo sobrecargo que me atendió en el avión. Me fue inevitable preguntar a mi hermana si lo conocía, pero me dio datos ambiguos que no saciaban mi curiosidad. Entre tanto bullicio, me di cuenta que era el único que se encontraba solo.
Antes de tomar el ascensor me lo topo, siempre bien parado y de ánimo calmado. Se acerca y me saluda con una leve sonrisa, y damos pie a una breve conversación. Juro que no fueron más de 6 minutos, pero tomé tanta atención, que soy capaz de precisarlos con una excepcional prolijidad. Entre palabras me contó que había estudiado literatura. Pero a simple vista me di cuenta que su traje callaba lo que un cuerpo de niño utópico bulliciaba: Libertad. Era tan fácil darse cuenta que no le gustaban las estructuras, que peleaba con las reglas, y que no soportaba a los empaquetados. Le pregunte si era feliz con su trabajo, y me responde que no. Supongo que lo mantiene porque le da un acceso a un mayor bagaje cultural, y quiéralo o no, le permite vivir, algo no menor en estos tiempos.

Me trate de hacer la interesante, de hacer preguntas rebuscadas y tocar temas poco aconsejable; no sirvió. Mantiene una distancia éticamente profesional, entrega la información justa, y no se da a conocer de manera sencilla. Le dije que había leído un libro titulado “Conversando con la Libertad” de Lucía Santa Cruz, quién había hecho clases de “historia moderna” -que sin duda fue mi ramo predilecto- en la universidad Católica, y terminé diciéndole que se lo haría llegar por medio de mi hermana.

Dos días después me lo encuentro en el ascensor, y aquel trayecto no daba para más que un saludo formal. Ese mismo día recorrí Toledo y sus calles medievales, al otro día me terminé de impresionar con la arquitectura imponente de Madrid. Y en el ave, como le dicen ellos al tren, recorrí la periferia de Barcelona y Sevilla.

Cuando llegó el día de volver a Santiago me lo topé a la salida del hotel, y luego en el aeropuerto de Madrid, ahí fue cuando me dijo que apenas le llegara mi libro él me mandaría de vuelta uno para mí.

Aterrizando en Santiago me dirigí al “Duty free” donde lo vi pasar por última vez. Con un tanto de incomodidad me acerqué y le dije: me enteré que escribías. Para finalmente terminar diciendole con una especial sutileza: si pudiera leer lo que escribes, sería aun mejor.

Él me anotó la página de su blog en un papel, que luego tuve que descifrar casi letra por letra para poder encontrar sus escritos. Hasta la fecha he leído casi todas las entradas y me doy cuenta que como comentarista es genial, puede hacer una valoración desde la novela “La espesura” de Cristián Barros, pasando por una crítica al modelo Neoliberal en el ensayo de José Comblin, para luego terminar dando su apreciación sobre las Seis Sonatas para piano de Ludwig van Beethoven. Pero al momento de ahondar en el plano personal, sus expresiones son casi inexistentes.

Instantes antes de despedirnos mi mente se cuestionaba “¿Qué piensa la gente cómo tú? ¿A qué avocará los pensamientos y cómo los traducirá en escritos?” y de la nada de mi boca exclamó: ¡Qué difícil es conocer a la gente como tú! A lo que él responde de forma inherente: “Es que a lo mejor, tú quieres conocer a la gente demasiado rápido”. Me quedé callada, marcando el fin de la conversación.

-Han pasado aproximadamente dos meses de aquel viaje. Aun no he visto a mi hermana, y aquel libro todavía no se lo paso.

10 de enero de 2010

Qué decepción fue encontrarme contigo, hubiese preferido que no me saludaras. Después de todo, no sueles gastar el tiempo con personas como yo: siempre fuiste un lobbysta por dentro, y añoraste que llegara el día en el que toda la sarta de rotos se despojaran de tu espalda. Ahora eres tú quien le sobas las espaldas a una larga faena de contactos políticos y camaradas varios, y como los parásitos, no vives sin comer un poquito de su suculenta existencia.

Yo sé que naciste cínico, y créeme que es un talento aplaudido en estos tiempos. Me sonreíste con esa hilera de dientes que el resentimiento te fabricó; y con esas comisuras te la pasabas engañándote: no soportabas ser un roteque.

Te dignaste a preguntarme cómo me iba, aunque ya sé que nada te importa. Y no es que sea una imprudente, pero mijito, aún cuando gastes millones en perfumería, se le siente el olor a caldo Maggie al abrazarme; y detrás de toda esa burocracia aún te bailan los pies con la cumbia y quisieras transformar Martini en chichita.

Cómo te ha cambiado el mundo cabrito, que ahora el verde de los billetes te parece más atractivo que el de los campos. Cómo y cuándo te convertiste en la bandera de los levantados de raja, y blanqueaste el pasado como quien barre la basura de la entrada de su casa. En otras palabras, descubriste la bulimia del poder, y todos los días vomitas pobreza.

Odiaste al cuico porque en promedio es más alto, más bello, más educado y listo. Ahora, no sé si fue el destino quién te sembró una papa en la garganta, pero lo que está claro, es que le lustras los zapatos a quienes tanto crucificaste.

Te admiré tanto porque pensé que aún no te resignabas a vivir en este mundo real: lleno de leviatanes, mentiras, cinismos y miedos. Pensé que con tu brillante cerebro terminarías siendo un gran líder, y de eso queda bastante poco. Yo sabía que el brillito de tus ojos, cuando decías que querías cambiar el mundo sería abatido. La desgracia fue encontrarte hecho todo lo contrario: sin pelo, con más guata, con una cabeza de economista y camuflado con el gris de un terno.

Anyway, te doy las gracias por el abrazo, mal que mal fue gratis, y esa palabra no está en tu vocabulario. Y si nos encontramos de nuevo, espero que me evites; no vaya a ser que a mí se me pegue todo ese resentimiento, y usted se vaya a las reuniones pasado a sopaipilla... que mal visto sería.


Medula del escrito: Daniela Céspedes

24 de septiembre de 2009

Lucha entre yeguas
Mis sentidos se enfrentan a mi deber. Es verdad, aunque no esté explicito, todo tiene un protocolo, todo esta guiado por normas, que no son del todo malas, ya que nos ayudan a conseguir lo que queremos. O acaso, nuca un amiga/o te ha dicho: no lo llames, deja que él te busque. Al contrario, si uno va y lo comienza a buscar, suena un tanto hostigoso. Entonces, estamos frente a una regla, que limita al ser para darle cabida al deber ser. Pero, como dije en un comienzo, no es del todo mala, ya que nos ayuda a cumplir el objetivo dispuesto.

El asunto es, que pasa si nos gana el ser, y el deber sucumbe ante los sentidos. Acá está lo que se llama limitaciones psicológicas, “sí, pero no” “te doy, pero te quito” “estiro el brazo, y lo recojo” en un principio sirve, es como tentar a la presa sin cazarla, es como colocar la carne a la parrilla y no darle de comer. Es seducción, si desafuero, es olfato sin tacto. Pero acá sólo hay cabida para quienes saben del juego, quienes tienen armado el movimiento preciso, o si no, simplemente es mal visto.

Las mujeres destruimos a quienes pierden la orientación del juego. "Gorda te diste cuenta que la Carmen se le lanzó con tuti al Pancho, y éste ni la pesco, pobre Carmen, hizo el patético, si la hubieras visto parecía una arrastrá."

El límite del dejar libre al ser, está en la cautela, se trata de no caer en lo burdo ni en siutiquerías. La indiferencias es una de ellas, y la yegua que lo sabe usar le dicen rica.

No se si soy la única que se da el tiempo de pensar en estas estupideces, pero se han dado cuanta que hay una mujer que dejan a todos los hombres locos, esas mujeres la rompen donde vayan. A simple vista son perfectas, son lindas, delgadas, simpáticas, simples e inteligentes. Pero tienen dos alternativas; son tan simpáticas que el grupo no las rechaza, es más, las tienen como lideres innatas y son las que arman los carrete con sólo hacer dos llamadas, y por otro lado está la coalición de las envidiosas no asumidas, son las que pelan toda actitud, comportamiento y vestuario de dichas mujeres.

Ahora, si tu eres del clan “soy normal” el tira y afloja te queda bien, destaca dos o tres atributos de tu persona, sean físicos o intelectuales, que te caractericen y con los cuales te sientas segura. Si están en grupo, se parte de la conversación y se sutilmente coqueta, ahora bien, si están solos, muéstrate buena onda, ligth y recuerda resaltar esas dos o tres cualidades que harán que él se acuerde de ti.

La pregunta del millón ¿pero cómo mantengo la atracción inicial? yo te respondo guachita, acá cada uno rasguña como mejor puede, y el que la pasa, sobrevive. Y tú ¿ser o deber ser?