
Perdí todas las batallas, pero milagrosamente gané la guerra. Esto me hace pensar que nos adaptamos a los cambios cuando es inevitable, y nos ocultamos en una dimensión propia cuando es necesario.
Pero en este momento, me dejo arrastrar sin oponer resistencia y poco a poco el miedo retrocede, y allí me quedo un rato en reposo… pero empieza otro día, como todos los días.
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