15 de agosto de 2009

No quiero más inviernos que de súbito se lleven lo que construí en tiempos pasados. Pero aun no sé si deseo más otoños anidando esperanzas que luego me será arrancadas.

Entonces, ¿me despido de una vez para siempre de los inviernos desolados que me traen pobreza de andanza y falta de abrigo en días de lluvia, o mejor aun, hago de mis hermosos otoños una evocación a mi misma, en donde la fuerza interna cierre las posibilidades de nostalgia venidera que se agota como recuerdo sin proyección?

En otras palabras, ¿deserto la posibilidad escudriñándome de la devastación, ó me sumerjo en la felicidad sustancial y momentánea que no se llevar?. Lo evito o asumo sus consecuencias, acá vale preguntar ¿qué es menos malo?

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