Entonces, ¿me despido de una vez para siempre de los inviernos desolados que me traen pobreza de andanza y falta de abrigo en días de lluvia, o mejor aun, hago de mis hermosos otoños una evocación a mi misma, en donde la fuerza interna cierre las posibilidades de nostalgia venidera que se agota como recuerdo sin proyección?
En otras palabras, ¿deserto la posibilidad escudriñándome de la devastación, ó me sumerjo en la felicidad sustancial y momentánea que no se llevar?. Lo evito o asumo sus consecuencias, acá vale preguntar ¿qué es menos malo?
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