Ser libre para creer lo increíble y explorar mundos que después, en la época de la razón, desaparecen !!!
16 de enero de 2010
10 de enero de 2010
Qué decepción fue encontrarme contigo, hubiese preferido que no me saludaras. Después de todo, no sueles gastar el tiempo con personas como yo: siempre fuiste un lobbysta por dentro, y añoraste que llegara el día en el que toda la sarta de rotos se despojaran de tu espalda. Ahora eres tú quien le sobas las espaldas a una larga faena de contactos políticos y camaradas varios, y como los parásitos, no vives sin comer un poquito de su suculenta existencia.
Yo sé que naciste cínico, y créeme que es un talento aplaudido en estos tiempos. Me sonreíste con esa hilera de dientes que el resentimiento te fabricó; y con esas comisuras te la pasabas engañándote: no soportabas ser un roteque.
Te dignaste a preguntarme cómo me iba, aunque ya sé que nada te importa. Y no es que sea una imprudente, pero mijito, aún cuando gastes millones en perfumería, se le siente el olor a caldo Maggie al abrazarme; y detrás de toda esa burocracia aún te bailan los pies con la cumbia y quisieras transformar Martini en chichita.
Cómo te ha cambiado el mundo cabrito, que ahora el verde de los billetes te parece más atractivo que el de los campos. Cómo y cuándo te convertiste en la bandera de los levantados de raja, y blanqueaste el pasado como quien barre la basura de la entrada de su casa. En otras palabras, descubriste la bulimia del poder, y todos los días vomitas pobreza.
Odiaste al cuico porque en promedio es más alto, más bello, más educado y listo. Ahora, no sé si fue el destino quién te sembró una papa en la garganta, pero lo que está claro, es que le lustras los zapatos a quienes tanto crucificaste.
Te admiré tanto porque pensé que aún no te resignabas a vivir en este mundo real: lleno de leviatanes, mentiras, cinismos y miedos. Pensé que con tu brillante cerebro terminarías siendo un gran líder, y de eso queda bastante poco. Yo sabía que el brillito de tus ojos, cuando decías que querías cambiar el mundo sería abatido. La desgracia fue encontrarte hecho todo lo contrario: sin pelo, con más guata, con una cabeza de economista y camuflado con el gris de un terno.
Anyway, te doy las gracias por el abrazo, mal que mal fue gratis, y esa palabra no está en tu vocabulario. Y si nos encontramos de nuevo, espero que me evites; no vaya a ser que a mí se me pegue todo ese resentimiento, y usted se vaya a las reuniones pasado a sopaipilla... que mal visto sería.
Medula del escrito: Daniela Céspedes
Yo sé que naciste cínico, y créeme que es un talento aplaudido en estos tiempos. Me sonreíste con esa hilera de dientes que el resentimiento te fabricó; y con esas comisuras te la pasabas engañándote: no soportabas ser un roteque.
Te dignaste a preguntarme cómo me iba, aunque ya sé que nada te importa. Y no es que sea una imprudente, pero mijito, aún cuando gastes millones en perfumería, se le siente el olor a caldo Maggie al abrazarme; y detrás de toda esa burocracia aún te bailan los pies con la cumbia y quisieras transformar Martini en chichita.
Cómo te ha cambiado el mundo cabrito, que ahora el verde de los billetes te parece más atractivo que el de los campos. Cómo y cuándo te convertiste en la bandera de los levantados de raja, y blanqueaste el pasado como quien barre la basura de la entrada de su casa. En otras palabras, descubriste la bulimia del poder, y todos los días vomitas pobreza.
Odiaste al cuico porque en promedio es más alto, más bello, más educado y listo. Ahora, no sé si fue el destino quién te sembró una papa en la garganta, pero lo que está claro, es que le lustras los zapatos a quienes tanto crucificaste.
Te admiré tanto porque pensé que aún no te resignabas a vivir en este mundo real: lleno de leviatanes, mentiras, cinismos y miedos. Pensé que con tu brillante cerebro terminarías siendo un gran líder, y de eso queda bastante poco. Yo sabía que el brillito de tus ojos, cuando decías que querías cambiar el mundo sería abatido. La desgracia fue encontrarte hecho todo lo contrario: sin pelo, con más guata, con una cabeza de economista y camuflado con el gris de un terno.
Anyway, te doy las gracias por el abrazo, mal que mal fue gratis, y esa palabra no está en tu vocabulario. Y si nos encontramos de nuevo, espero que me evites; no vaya a ser que a mí se me pegue todo ese resentimiento, y usted se vaya a las reuniones pasado a sopaipilla... que mal visto sería.
Medula del escrito: Daniela Céspedes
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