
Conocí una vez, un hombre que se enamoraba de mujeres de acuarela, de colores preciosos y texturas suaves, de sonrisas fáciles, de miradas lujuriosas, de esas que con las primeras lágrimas, lo hacían desaparecer. Por lo mimo, tuve que ser fuerte y pedirle al pintor que me hiciera de óleo, y así, yo sabría que nunca sería de tu interés.
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