12 de septiembre de 2009

Mi pasión por Inés

Tengo una necesidad angustiosa de escribir, tan presente como la urgencia que llama a un pintor a retratar la pasión y el erotismo.
¿Cómo plasmarlos sin caer en lo burdo, y qué hay de malo si lo hacemos? acaso no se valora la realidad. Bueno, la realidad está manchada de cotidianidad, y es ésta la que es burda por definición.
Cómo decir que la juventud ésta en éxtasis de sus pasiones, en mentes erotisadas y en cuerpos vestidos de sedas que invocan la lujuria.
Felipe le dijo a Rembrandt: "Retrata la pasión que siento por Inés y tu pago será en oro".
En la habitual ronda de noche, Felipe aprovecha de escaparse con Inés a los campos colindantes de la ciudad de Leiden. No era normal; corrían con una necesidad imperiosa, sus caras pálidas se golpeaban con el viento, una respiración entrecortada marcaba sus pulsaciones, ¿qué harían, si sus cuerpos victimarios de lujuria gritaban con voces fervientes a favor del placer?
Felipe arranca las telas que cubrían a Inés, el corsés... el corsés nadie sabe como salió de aquel cuerpo. Eran ellos, y el paisaje no cuenta, a quién le iba a importa el paisaje, quién se iba a preguntar si era otoño, o tal vez verano, a nadie le interesaba saber si los árboles estaban vestidos con un follaje frondoso, o si el otoño vino a robar lo viejo.
Todo giraba en torno a los senos de Inés, tan hinchados como que si contuvieran leche -y pareciese que así fuera- porque Felipe no se despegaba de aquellos pezones. Era violentamente apasionado, se encargó de recorrer por entero el cuerpo de Inés con su boca, mientras que ella se entregó a la pasión desatada, a un estado superior que tan sólo se alcanza por la vía de los sentidos.

Rembranst en medio de su cuarto, trataba de conceptualizar la pintura, pero no podía definir la expresión que su mente arrojaba. Dos días después va al encuentro con Felipe y le entrega el cuadro envuelto en una tela, al sacarlo, atónito, Felipe contempla que en la pintura sólo esta plasmado el cuerpo desnudo de Inés, ¿qué es esto, por qué no estoy yo junto a ella, donde está la pasión acá?. Felipe -responde Rembranst- el amor es univoco, ella se quiere a si misma, y tu quieres las pasiones que ella despierta en ti. Al esbozar tan sólo a ella y desnuda, cumplo con lo pedido; la pintura te apasiona por su cuerpo desnudo y a ella la apasiona ver que con su cuerpo genera fogocidad en los demás. No eres tu, no es ella Felipe, son los sentidos.

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