3 de julio de 2010


Me dediqué a sentir ese olor tan peculiar que tiene la naranja. Yo creo que es primo, porque no se asemeja a nada y se necesita de ella, como referente de sí, para poder explicar olores parecidos. ¿Será que los colores no son lo únicos que son reductibles a sus bases, o mejor dicho, no gozan de primicia? Debe ser, porque cuando huelo una naranja, no se me viene a la cabeza otra cosa que no sea naranja, la de los gajitos mojados.
La naranja tiene un olor tan único –al igual que su color- que sólo se explican si se hace referencia a ella. ¿Pero se podrá tener un perfume olor naranja? Y la respuesta es, que hasta el momento, mantener sus notas sin mayores oscilaciones no se logra a menos que se utilicen químicos que alteran la acidez que es propia de la naranja, y en ese plano, se atenta contra la esencia de lo que percibimos. Entonces el olor a naranja vive las reglas de la inmediatez, ya que su alto poder de oxidación nos obliga a apreciarla en el minuto, porque en su conservación no se mantiene el origen.

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