24 de mayo de 2009


Bajo la lógica Nietzscheana
Era muy tarde, iba de vuelta a casa, y en medio de una calle solitaria veo a un hombre inquieto, desconcertado, que alumbraba en toda dirección con una linterna que llevaba en la mano. A primera vista, pareciese ser que estaba en busca de un algo, pero ¿Por qué alumbraba el aire?
Me acerco con paso sigiloso, y sin decir ni una palabra, exaltado exclama
“Nosotros le hemos dado muerte ¡Dios a muerto! Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo consolarnos, nosotros los asesinos? Lo que el mundo había tenido hasta ahora de más sagrado y de más riguroso ha perdido su sangre bajo nuestras cuchillas. ¿Quién enjuagará esa sangre de nuestras manos? ¿Qué ceremonias sagradas tendremos que inventar? ¿No debemos convertirnos nosotros mismos en dioses? ¡Dios ha muero, lo hemos matado!”
No dije nada, solo me fui tranquila, mientras aquel hombre buscaba entre medio del desencanto las huellas de Dios en aquella calle.

Me pregunto, ¿Pos-modernidad en una época contemporánea. O será a caso, un sentimiento de que lo eterno terminará por disolverse en el instante, como el amor en el deseo, hasta que la eternidad se aprehenda sólo en la conciencia?

Cuando mi madre me recibe en la puerta de la casa, le digo:
“Madre, el mediodía es el momento de la sombra más breve y el fin del error más largo, a saber, la muerte de Dios en nuestra conciencia, y de ella, en nuestras acciones.”

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