24 de mayo de 2009

El querer enfrentado al deber
Hoy voy a contar una historia poco usual, de esas que no comienzan con “había un a vez” ó “en un lejano lugar”, sino que al contrario, son esas historias que se pierden en los libros de ficción, que huyen de lo real; pero que al fin y al cabo, nos sumergen en una dimensión desconocida, que por un instante nos hacen ser otras personas.

Esta historia comienza en una sala de clases, donde el profesor Makey y su alumno Feolver, solían analizar las nuevas tendencias literarias de los libros contemporáneos.

Tal como hay días que marcan la vivencia de un ser, de igual manera fue como un relato marcó la existencia de Feolver. Estaba frente a un libro que narraba su vida con puño de acero y tinta de sangre, donde en cada página el pasado se apoderaba del presente. Fueron tantos sentimientos, emociones e impresiones las que invadieron su mente en ese momento, que solo deseaba continuar.

La respuesta de quién había escrito esas líneas era innegable, solo podía haber sido esa mujer de cabellera larga, que sin explicación alguna se cruzó en la vida de Feolver. Fue algo extraño, pero por sobre todo, especial; ya que esa mujer detallaba la historia como que fuera suya, como que estuviera hablando de su propia historia, de su propio pasar…

Feolver desconcertado, acude al profesor Makey para contarle lo sucedido, diciéndole que iba a ir tras aquella mujer; aunque el miedo y la incertidumbre se apoderaban de él.
El profesor Makey, si bien sorprendido con la historia le dice: Feolver, se racional y no pasional, es obvio; de poder se puede ¿pero se debe?
Feolver, se retira sin palabra alguna, entretanto continúa leyendo el libro e inmiscuyéndose cada vez más, en esos detalles, que hacen de la historia una narración única.

Pero de pronto descubre que en la última página, había una dedicatoria escrita a mano, que decía: No importa lo que pase de aquí en adelante, porque esto ya esta escrito… y nadie lo borrará.

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