
Nuestra Historia
Era un miércoles 7 de mayo, la noche se mezclaba con mi angustia, los encajes brumosos se adueñaban del tiempo… y ahí estaba yo, sucumbida ante la aflicción del no saber que hacer. Me siento frente a la ventana; miro desorbitada buscando respuesta, y aunque no la encuentro, algo en mí dicta sentencia… Tomo el teléfono, y sin pensar llamo a la persona, que tiempo después marcaría mi vida.
Al contestar, siento una voz calida, segura, que me escucha por largas horas, pero que abruptamente detiene el transcurso de la conversación, para decirme ¡espérame, estaré contigo! Desconcertada, sin saber que responder, cuelgo.
El tiempo pasa agotando el presente… ¿acaso, habría llegado el momento? Sin una respuesta clara, me coloco el abrigo y salgo a su encuentro. Era una noche helada por las calles de santiago, pero todo se olvidó cuando nos vimos a lo lejos… las miradas, las posturas, la incertidumbre del no equivocarse; pero estaba claro, éramos nosotros rompiendo la agonía con un súbito abrazo.
Llegamos a casa tras subir largas escaleras que guardan su historia; el miedo sucumbió, solo éramos tú y yo una noche te otoño.
Era un miércoles 7 de mayo, la noche se mezclaba con mi angustia, los encajes brumosos se adueñaban del tiempo… y ahí estaba yo, sucumbida ante la aflicción del no saber que hacer. Me siento frente a la ventana; miro desorbitada buscando respuesta, y aunque no la encuentro, algo en mí dicta sentencia… Tomo el teléfono, y sin pensar llamo a la persona, que tiempo después marcaría mi vida.
Al contestar, siento una voz calida, segura, que me escucha por largas horas, pero que abruptamente detiene el transcurso de la conversación, para decirme ¡espérame, estaré contigo! Desconcertada, sin saber que responder, cuelgo.
El tiempo pasa agotando el presente… ¿acaso, habría llegado el momento? Sin una respuesta clara, me coloco el abrigo y salgo a su encuentro. Era una noche helada por las calles de santiago, pero todo se olvidó cuando nos vimos a lo lejos… las miradas, las posturas, la incertidumbre del no equivocarse; pero estaba claro, éramos nosotros rompiendo la agonía con un súbito abrazo.
Llegamos a casa tras subir largas escaleras que guardan su historia; el miedo sucumbió, solo éramos tú y yo una noche te otoño.
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