
Borges imaginó a Shakespeare diciendo a Dios: “Yo que he sido tantos hombres en vano, deseo ser uno sólo, que sea yo”. Pero Dios le responde: “Yo tampoco soy. He soñado mi mundo como tú has soñado tu obra, William Shakespeare, y entre las apariencias de mi sueño estás tú que, como yo, eres múltiple y, como yo, nadie”.
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