27 de mayo de 2009


TACONES, SEXO & LIBERTAD !!!
El viaje termina, cuando dos amantes se encuentran…
Ταξίδι ολοκλήρωση, πότε δύο τρυφερός από μόνο του αυτοί βρίσκω…

24 de mayo de 2009

Otoño
Me di cuenta que en otoño los árboles lloran
Me di cuenta que las hojas caían porque no hay motivos que las retengan
Me di cuenta que el paisaje se tiñe en tono pastel
Me di cuenta que los hombres tallan los árboles para dejar memoria
Me di cuenta que era otoño
Me di cuenta que era mi estación favorita, y el tuya también.

Aquel libro de antaño
En mi rutinaria conversación con el bibliotecario en la cafetería del primer piso; me cuenta que vino a visitarlo un amigo, al cual no veía hace tiempo. Pero entre palabras y palabras me confiesa un sentimiento de angustia... explicándome que había presenciado sucesos que el ya había leído, y que hoy día, se presentaban en la realidad.
-Yo, curiosa le pregunto- ¿de que me hablas? No te entiendo.
-Toma un momento de pausa y luego me responde- cuando niño, un viejo bibliotecario me regalado un libro, mi primer libro, el cual comencé a leer enseguida y no lo dejé hasta que terminé la última página... aquella noche no dormí, pero fueron las horas más alucinantes que te puedas imaginar.
Por qué -le pregunto yo-
Ese libro venía en blanco -agrega él-
-Irónicamente me reí y posteriormente le pregunto- ¿que hiciste?
-Entremedio del café, el me responde- súbitamente el libro se comenzó a escribir ante mis ojos… pero nunca hubo final.
Jajajaja ¿tu quieres que te crea eso? -le respondo-
-El me dice- si supieras lo que se escribió, si me creerías.
-Desconcertada le pido que continúe- ese libro comenzó a escribir cosas que pasarían años después, cosas que me marcarían por siempre... y en una de ellas, apareciste tú.
-Muda, pálida; le ruego que siga-
¿Te acuerdas como nos conocimos? -me hace reflexionar-
Sí; pero continúa con la historia....
-Me toma del brazo y me dice- ahí parte la historia. Cuando te conocí; de inmediato supe que eras la mujer que mi libro de antaño plasmó entre líneas entre saltadas.
-Asustada, pregunto- y… ¿que es lo que escribió de mí?
-El se rió, al mismo tiempo que tomó el último sorbo de café- querida amiga ¿sería justo de mi parte que predestine tu futuro?
Supongo que no me dejarás con esta intriga -respondo-
Tal como yo tuve que esperar años enteras para saber el significado de aquellas líneas, tu también tendrás que esperar; todo a su tiempo mi pequeña -responde entre medio-
No, tú no me puedes dejar así...
-Repentinamente el se levanta, se dirige hacia mí con paso firme y una risa cálida, luego se acuclilla ante mi silla y me dice- “las grandes proezas de la historia, fueron conquistas de lo que parecía imposible. Que nuestros esfuerzos desafíen las imposibilidades...” -luego de eso, se para inesperadamente y toma rumbo hacia la biblioteca-
-Aturdida, sin entender lo que pasaba me doy vuelta y pregunto- y... ¿que tiene que ver tu amigo en todo esto?
-A medio camino, escucho una risa sarcástica que prosigue de un- ya lo sabrás…
-Me quedé inmóvil en la silla, sin respuesta alguna… me llevo la taza de café a la boca y me doy cuenta que ya no quedaba ¿que hago ahora? Tomo la cartera que esta en el respaldo de la silla, y me dirijo hacia la salida. Esta lloviendo y hace frío…corro hacia el semáforo, donde está parado un taxi y me subo-
-Tiempo después, mientras veo la lluvia por la venta, lo entiendo todo; y tras eso me prometo una cosa... que no importa como ni cuando; pero que yo encontraría al amigo del bibliotecario... para que así, juntos, podamos trazar el final de aquel libro de antaño.

Nuestra Historia
Era un miércoles 7 de mayo, la noche se mezclaba con mi angustia, los encajes brumosos se adueñaban del tiempo… y ahí estaba yo, sucumbida ante la aflicción del no saber que hacer. Me siento frente a la ventana; miro desorbitada buscando respuesta, y aunque no la encuentro, algo en mí dicta sentencia… Tomo el teléfono, y sin pensar llamo a la persona, que tiempo después marcaría mi vida.
Al contestar, siento una voz calida, segura, que me escucha por largas horas, pero que abruptamente detiene el transcurso de la conversación, para decirme ¡espérame, estaré contigo! Desconcertada, sin saber que responder, cuelgo.

El tiempo pasa agotando el presente… ¿acaso, habría llegado el momento? Sin una respuesta clara, me coloco el abrigo y salgo a su encuentro. Era una noche helada por las calles de santiago, pero todo se olvidó cuando nos vimos a lo lejos… las miradas, las posturas, la incertidumbre del no equivocarse; pero estaba claro, éramos nosotros rompiendo la agonía con un súbito abrazo.
Llegamos a casa tras subir largas escaleras que guardan su historia; el miedo sucumbió, solo éramos tú y yo una noche te otoño.
El querer enfrentado al deber
Hoy voy a contar una historia poco usual, de esas que no comienzan con “había un a vez” ó “en un lejano lugar”, sino que al contrario, son esas historias que se pierden en los libros de ficción, que huyen de lo real; pero que al fin y al cabo, nos sumergen en una dimensión desconocida, que por un instante nos hacen ser otras personas.

Esta historia comienza en una sala de clases, donde el profesor Makey y su alumno Feolver, solían analizar las nuevas tendencias literarias de los libros contemporáneos.

Tal como hay días que marcan la vivencia de un ser, de igual manera fue como un relato marcó la existencia de Feolver. Estaba frente a un libro que narraba su vida con puño de acero y tinta de sangre, donde en cada página el pasado se apoderaba del presente. Fueron tantos sentimientos, emociones e impresiones las que invadieron su mente en ese momento, que solo deseaba continuar.

La respuesta de quién había escrito esas líneas era innegable, solo podía haber sido esa mujer de cabellera larga, que sin explicación alguna se cruzó en la vida de Feolver. Fue algo extraño, pero por sobre todo, especial; ya que esa mujer detallaba la historia como que fuera suya, como que estuviera hablando de su propia historia, de su propio pasar…

Feolver desconcertado, acude al profesor Makey para contarle lo sucedido, diciéndole que iba a ir tras aquella mujer; aunque el miedo y la incertidumbre se apoderaban de él.
El profesor Makey, si bien sorprendido con la historia le dice: Feolver, se racional y no pasional, es obvio; de poder se puede ¿pero se debe?
Feolver, se retira sin palabra alguna, entretanto continúa leyendo el libro e inmiscuyéndose cada vez más, en esos detalles, que hacen de la historia una narración única.

Pero de pronto descubre que en la última página, había una dedicatoria escrita a mano, que decía: No importa lo que pase de aquí en adelante, porque esto ya esta escrito… y nadie lo borrará.

Bajo la lógica Nietzscheana
Era muy tarde, iba de vuelta a casa, y en medio de una calle solitaria veo a un hombre inquieto, desconcertado, que alumbraba en toda dirección con una linterna que llevaba en la mano. A primera vista, pareciese ser que estaba en busca de un algo, pero ¿Por qué alumbraba el aire?
Me acerco con paso sigiloso, y sin decir ni una palabra, exaltado exclama
“Nosotros le hemos dado muerte ¡Dios a muerto! Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo consolarnos, nosotros los asesinos? Lo que el mundo había tenido hasta ahora de más sagrado y de más riguroso ha perdido su sangre bajo nuestras cuchillas. ¿Quién enjuagará esa sangre de nuestras manos? ¿Qué ceremonias sagradas tendremos que inventar? ¿No debemos convertirnos nosotros mismos en dioses? ¡Dios ha muero, lo hemos matado!”
No dije nada, solo me fui tranquila, mientras aquel hombre buscaba entre medio del desencanto las huellas de Dios en aquella calle.

Me pregunto, ¿Pos-modernidad en una época contemporánea. O será a caso, un sentimiento de que lo eterno terminará por disolverse en el instante, como el amor en el deseo, hasta que la eternidad se aprehenda sólo en la conciencia?

Cuando mi madre me recibe en la puerta de la casa, le digo:
“Madre, el mediodía es el momento de la sombra más breve y el fin del error más largo, a saber, la muerte de Dios en nuestra conciencia, y de ella, en nuestras acciones.”
La imaginación de Borges
Borges imaginó a Shakespeare diciendo a Dios: “Yo que he sido tantos hombres en vano, deseo ser uno sólo, que sea yo”. Pero Dios le responde: “Yo tampoco soy. He soñado mi mundo como tú has soñado tu obra, William Shakespeare, y entre las apariencias de mi sueño estás tú que, como yo, eres múltiple y, como yo, nadie”.


Era de noche, exactamente media noche y yo sentada en la esquina de la cafetería escuchando un grupo de jazz que tocaba en el salón principal, donde el saxofón era el instrumento que creaba ese ambiente bohemio, un tanto romántico, en el que los sonidos se conjugaban creando detalladas melodías que resonaban por si solas.

Mientras esperaba a mis tres amigas, comencé a contemplar el boliche, tenía una decoración mezcla de lo clásico con toques modernos, en donde las tonalidades marrones se fusionaban con las maderas oscuras de los muebles, y que al mismo tiempo realzaban el agua que caía por una de las murallas del costado.
Entre tantas observaciones, irónicamente terminé contemplando los rasgos de las personas que estaban en la sala, su vestimenta, su tono de voz, sus gestos, el color del labial y unos que otros tacones. Entre tanto, llegaron mis amigas, bulliciosas y con la risa a flor de piel, pero no se demoraron en habituarse a ese ambiente casual y disipado del local.

Cuando se acercaron a saludarme, sentí un fresco olor a perfume de mujer, que por unos segundos vistieron a mi imaginación de glamour. Luego del saludo me fijé en sus vestidos, que aunque no dejaban de ser llamativos, me hacían sentir más atrevida de lo común y así me lo hizo notar una de ellas al comentar mi sugestivo escote y el color rojo carmesí de la tela que al mismo tiempo resaltaba mi espalda descubierta.
Hablamos por largas horas, como que si el tiempo se agotara bajo nuestros pies. Romances, desamores y una que otra historia casual, fueron los temas que se robaron el centro de nuestra conversación.

El ambiente, la música de fondo, y ese aroma a canela que tanto me agrada se cortan de súbito frente a mí, al ver sentado tres mesas más allá, el chico de la biblioteca de mi facultad, con el cual no he cruzado ninguna palabra, pero aun así, hay un algo que me atrae en él. Trate de hacer como si nada y seguir con el hilo de la conversación, en todo caso daba igual ya que a ninguna de mis tres amigas le había contado esta historia que carecía completamente de relevancia.

Al rato después, se corrieron las mesas a un costado y algunas parejas comenzaron a bailar, mientras que nosotras seguíamos conversando, bueno, hasta que una se le ocurrió que todas nos paráramos a bailar. Fue divertido ver que conjugábamos movimientos carentes de armonía y coordinación, pero daba igual, éramos nosotras cuatro al medio de la pista, moviendo los vestidos al son del viento y sonriéndole a la vida. Luego nos dispersamos y comenzamos a bailar con otras personas de la cafetería; me toco bailar un tema con un afro, fue entretenido ver sus movimientos tan holgados, desprovistos de esfuerzos, era cosa de mirarlo y uno sabía que era algo natural en él.

Así pasé de persona en persona durante casi una hora, hasta que de repente siento una mano cálida en la espalda, la cual me exaltó, fue raro, ni siquiera lo tuve que mirar para saber que era él, lo deduje como si fuera algo cotidiano. Sin cruzar ni una sola palabra comenzamos a bailar, me sentí algo retraída y hasta yo misma sentía mis pulsaciones. Era tan delicado al tratarme, bailaba con la intensidad justa haciendo una exacta conexión con mis pasos.
Era perfecto, que más podía pedir, mi cafetería favorita del barrio Las Tarria, el ambiente, la música, el café de media noche, mis amigas, y él bailando junto a mí. Bueno, eso fue por un momento, hasta que una de mis amigas se le ocurrió irse.

La mañana siguiente me costó despegarme de las sabanas, pero el solo hecho de pensar que me lo podía encontrar era la excusa perfecta para levantarme. No había tomado desayuno, pero hoy no lo necesitaba, tenía más energías que nunca y por otro lado mi mente divagaba y carecía de razonamiento.

En la puerta de la facultad estaban cinco compañeros fumándose el primer cigarrillo del día, el tiempo nos apremiaba si que entramos rápido. Cuando íbamos en el segundo piso siento la misma mano cálida de la noche anterior, me doy vuelta, y un súbito beso lleno de pasión se escribe entre mis labios.

23 de mayo de 2009


El sujeto del amor
El amor es el compromiso del sujeto en su deseo, la combinación del erotismo y la ternura. El amor ya no es algo que nos sobrevenga desde afuera sino que procede de la parte más oscura de nosotros mismos, es pulsación antes que sentimiento, emoción antes que idea; pero tampoco hay amor sin historia de vida, sin resistencia a la adversidad y a la perdida. Por eso, especialmente en la tradición Occidental, el amor ha sido asociado a la muerte, porque en efecto es lo contrario a la vida, pues está más allá del deseo y lo transforma en sujeto deseante, corriendo el riesgo de hacer imposible su deseo.